sin horas.
este es un homenaje a los paseos a las 4 de la mañana. en los que el silencio no da miedo y te va entrando por los poros. y nada ni nadie molesta.
te subes a un banco y el cielo se convierte en un planisferio. y no pasa nada.
no eres el centro de los disparos. con paso lento buscando neverland. donde el dolor no es dolor, es otra cosa.
me convertí en gata, mirando horas y horas como caían las gotas a través del cristal. sin darme cuenta de que era imposible alcanzarlas. se deslizaban solas, al otro lado...
hoy reivindico las noches sin horas, sin rutinas, sin mente. con los bolsillos llenos de trocitos esperando para ser arrojados.









